Cuentan que vivir en la calle es duro. Nadie sabe lo duro que es… hasta que lo vive.
Muchos gatos sobreviven como pueden en la calle: algunos tienen la suerte de tener un refugio seguro, mientras que otros se conforman con dormir bajo un coche. En la calle no solo te tienes que preocupar de comer y resguardarte, sino de huir de los muchos peligros que te acechan como una enfermedad, un atropello, una pelea con otros gatos, comida envenenada… O un perro.
Cuando un perro u otro animal te muerde, si tienes suerte, solo tendrás una infección durante unos días pero en el peor de los casos las heridas o la fiebre acabarán con tus días. Algunos gatos, desesperados por sobrevivir, dejan atrás los miedos y buscan ayuda en las personas. Si a veces nos dan comida ¿por qué no también nos pueden curar?
Una de esas gatitas “de la calle”, pedía desconsolada ayuda a toda persona que se cruzaba en su camino, pero como era de esperar, la mayoría pasaban de largo puesto que “es solo un gato más”. Pero un día, gracias a sus insistentes maullidos, una de esas personas se acercó, la abrazó y esa gatita nunca más pisó la calle.
La gatita entonces visitó por primera vez un veterinario. Un veterinario que no paraba de tocarle aquella zona que tanto le dolía ¿fue allí donde la mordieron? Empezó a salir pus de la zona, y a pesar de que el dolor en ese momento fue casi insoportable, desde entonces se empezó a encontrar mucho mejor. No solo por las mágicas manos del veterinario, sino porque ahora dormía bajo un techo. Siempre tenía comida y no le faltaban mimos. Ella se dejaba hacer, pues le encantaba que le tocaran y le masajearan. Siempre respondía con un sonoro ronroneo hasta quedarse dormida en brazos de aquellos que la rescataron. Empezó a escuchar una palabra que se repetía “Salsa, Salsa” ¿era ese su nombre? ¿Había dejado de ser una gata callejera más y ahora tenía identidad?
Salsa, también conoció otros seres en esa casa. Le encantaba jugar con su nueva hermana felina, e incluso hizo buenas migas con un perro ¿quién iba a decir que los perros ya no eran un peligro? A veces también llegan otros humanos a la casa y ella estaba siempre encantada de recibirlos entre maullidos y ronroneos ¡más humanos, significa más caricias! Y pensar que antes nadie le prestaba atención…
Salsa también descubrió un patrón que se repetía todos los días. A cierta hora de la mañana y de la tarde… ¡misteriosamente el cuenco se llena de comida! Así que si nota que la cosa se retrasa, se pone a maullar para recordar que ya es la hora de la comida, no vaya a ser que a alguien se le olvide. ¡Eso de pasar hambre se acabó! Además en cuanto llega la noche… Toca dormir todos acurrucados en la cama de los humanos, porque eso de pasar frío ¡nunca más!
Pero Salsa no sabe, que ese no es su hogar definitivo. Salsa necesita encontrar a su verdadera familia. Una familia que no vea en ella “un gato más”, sino que vea a SALSA, una gatita cariñosa y juguetona deseando dar amor a lo largo de sus días.
Relato “un gato más”, de Rocío Maldonado 💜
SALSA, gatita de 3 años en adopción.
Está en Córdoba, pero puede viajar a donde sea necesario.
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